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jueves 17 agosto 2017
Gipuzkoa 1936

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Viernes, 28 de agosto de 1936

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FRENTE POPULAR
ANO I
DIARIO DE LA REPUBLICA
NUMERO 33

Redacción, Oficinas y Talleres: Garibay, 34.
Teléfonos: 14.621 y 14.634

San Sebastián, viernes, 28 Agosto 1936


EN LOS FRENTES DE COMBATE
LOS FACCIOSOS SIGUEN OFRECIENDO VIDAS DE TRAIDOR AL IMPETU COMBATIVO DE LAS MILICIAS

Ayer se desarrolló un durísimo ataque sobre Saroya y San Marcial, que después de resistir con heroísmo incomparable inflieron al enemigo terribles pérdidas.-Siete legionarios desertan del campo rebelde y seis de ellos son asesinados cuando intentaban curzar el río.-Otro triunfo rotundo del pueblo en armas.-Vitoria va a tener sed.


¡¡Moros en Euzkadi!!

En el ataque realizado ayer contra Irún por los rebeldes, y que tan brillantemente fué rechazado, se ha podido comprobar la presencia de tropas del llamado Tercio y también la de fuerzas de las apellidadas, con notoria impropiedad, Regulares. Hablando en plata, se ha comprobado la presencia de soldadesca mercenaria reclutada entre gentes fuera de la ley y de civilizadors mmoros.

Entre las mil vergüenzas que recaen sobre los iniciadores de este trágico movimiento, entre los infinitos torcedores de conciencia que han de moder su corazón, ninguna vergüenza ni remordimiento alguno como el que les atrae el empleo de semejantes tropas.

Los Regulares moros son tropas de botín y saqueo, son bandas de incendio y pillaje; son hordas verdaderas que averganzarían a un condotieri medioeval; son la barbarie, son la codicia, son la lujuria desenfrenada; son la afrenta de quien los emplea, el baldón, el desprestigio, la descalificación moral, de ahora para siempre jamás, para quienes los pagan, los empujan, los halagan y les dan como botín esta sagrada tierra nuestra.

¡Campos de Gipuzkoa mancillados por tan innobles plantas! ¡Verdes montes de la región hermana que soportáis el pie de los modernos bárbaros! ¡Idiílicos caseríos guipuzkoanos que presenciáis la torpe conducta de esos africanos! En los siglos de la Historia no llegasteis a sufrir tal vergüenza, porque jamás la planta del infiel holló posesivamente vuestra hierba. Y es ahora, mediado casi el siglo XX, cuando unos hombres que se llaman cristianos atraen sobre vosotros la inmunda plaga africana que, transitoriamente, os afrenta. Y es ahora cuando unos hombres que afirman defender la religión del Cristo del Amor, pagan a esos mercenarios para que lleven la destrucción sobre el campo vasco y para que en el campo vasco tengan satisfacción sus ansias de pillaje, su sed de sangre y sus más torpes y sucios deseos. ¡No habrá, no puede haber Jordán que borre tamaña mancha en lo humano!

Vosotros, aquellos que os gloriais de ostentar en el escudo patrio las cadenas de las Navas de Tolosa, ¡borrad ese emblema si no queréis que eternamente os recuerde que vosotros, descendientes de quienes humillaron al Islam combatiendo por la Cruz seais quienes traéis hoy a vuestros enemigos seculares de religión y raza para ue asolan esta tierra bendita, esta tierra vasca donde la Cruz aún campea! Y vosotros, generales españoles, paladines, según vuestros labios, de la Cruz, de la civilización, del honor y de la valentía, ¡confesad, confesad en esta hora que no es la Cruz lo que os guía, que no es la civilización la que os importa, que faltasteis una y cien veces al honor y que vuestro valor es mentido, peusto que habéis de recurrir al valor a sueldo, vosotros que cobrábais sueldo por el valor supuesto de vuestros pechos!

¡Ni aun eso os valdrá! Ni aun eso os valdrá, porque el pueblo vasco, el pueblo más civil de los que existir puedan, sacudirá de sí la pagada soldadesca. Porque el pueblo vasco, auténticamente cristiano, se alzará hoy, como se alzó en los siglos, y no consentirá que aquellos a quienes contribuyó a vencer en la tierra no vasca de las Navas de Tolosa toman en tierra vasca, en suelo vasco, desquite de aquella su derrota.

Y de este episodio de lucha –mero episodio de la lucha- sólo quedará, imborrable para siempre, la vergüenza, el deshonor de quienes nos infligen esta afrenta que nos hace apretar los puños y trae a nuestros ojos lágrimas de coraje.

(De “Euzkadi”.)


Otra gloriosa victoria
FRENTE NORTE

LA DEFENSA DE SAROYA
Lo sabíamos. Era el de ayer el segundo día de intensa ofensiva sobre las posiciones irunesas locales. El frente de Irún, con su frontera codiciada, atrae las preferencias del enemigo, que ha concentrado en aquella zona todos sus efectivos.

Apenas serían las cinco y media de la mañana cuando los rebeldes iniciaron la acción guerrera, que había de prolongarse durante todo el día. Su primer objetivo era, sin duda alguna, Saroya. Los mandos leales habían adoptado todas sus previsiones.

Un fuego intensísimo de fusilería protegió el avance de los facciosos, que sometieron la posición irunesa a una presión fortísima, casi agobiante. Simultáneamente, la Artillería enemiga dirigía sus impactos a Saroya y la Aviación facciosa realizaba vuelos de bombardeo sobre nuestras líneas.

Un ataque de tal magnitud, en que se ponían a juego todos los elementos de tierra y aire, hubiera arredrado a cualquier adversario que no estuviera consituído por fuerzas que defienden un ideal con la entereza y entusiasmo, con el fervor y unción con que lo defienden las milicias populares y las fuerzas adictas.

Saroya resistió una verdadera lluvia de fuego y de metralla, enviada simultáneamente por los aviones facciosos y por las ametralladoras y cañones del enemigo. Allí la gente se había prometido, solemnemente, una consigna dramática: vencer o morir, resistir hasta la muerte antes que abandonar el terreno al enemigo.

Hacia media mañana, el ataque faccioso, apoyado por la Artillería y la Aviación, adquirió una intensidad máxima. Algunas bombas de los aviones enemigos, que sembraban de metralla nuestras líneas, cayeron en las mismas posiciones y la muchachada de la República soportó el ataque con un estoicismo heroico.

Hubo un momento en que hasta los fusiles se cansaban de tirar, ardientes como ascuas, asfixiadas sus bocas por el fuego del sol y de la pólvora quemada.

Nuestros hombres se replegaron tácticamente de las avanzadillas, y el enemigo interpretó esto como una retirada. Cayó entonces, casi en avalancha, hacia la altura de las primeras alambradas. Allí encontró la muerte. Nuestras fuerzas, recogidas otra vez para contener la ofensiva, replicaron con energía magnífica, y los facciosos, acribillados, se vieron obligados a retirarse. Quedó así liquidada la acción sobre Saroya, que constituyó una nueva gesta para añadir a las brillantes páginas de heroísmo que estos días se están escribiendo en el frente de Irún.


LA BATALLA DE SAN MARCIAL
Era ya el mediodía. Por primera vez, la furia calcinante de un sol de fuego y el ambiente cálido y pegajoso, en momentos irrespirable, nos hizo recordar que estábamos en pleno verano. Precisamente cuando más hubiera convenido a los combatientes una brisa fresca que orease las frente febriles y sudorosas y que refrescase la piel, ardiente por el dramatismo intensísimo de la lucha.

Se hubiera dicho que después de la defensa cerrada de Saroya el enemiog iba a desistir de ninguna otra ofensiva. Máxime cuando los informes más circunspectos aseguraban que para media mañana los facciosos habían sufrido ya unos cuarenta muertos.

Pero no fué así. Poco después de las doce, la vigilancia de nuestras posiciones de San Marcial transmitían la impresión de que el adversario preparaba otro ataque; pero esta vez no dirigido sobre Saroya, sino orientado hacia San Marcial.

La escuadrilla facciosa, prevalida de la forzada ausencia de nuestros aviones, que circunstancialmente hubieron de aplazar sus vuelos, volaba sobre nuestra posición, horquillando, y dejaba caer metralla en abundancia. Al mismo tiempo, los cañones enemigos bombardeaban sin cesar.

Nuestra artillería, lo mismo que había hecho por la mañana, actuaba intensamente realizando magníficos impactos, hasta el punto de que algunas piezas enemigas fueron reducidas al silencio.

Los obuses de nuestras piezas caían también sobre núcleos enemigos y puntos de concentración, neutralizando en gran parte la dureza del ataque enemigo.

La ofensiva facciosa sobre San Marcial se convirtió en una verdadera batalla, intensa, terrible, de un dramatismo formidable.

El espíritu de las milicias ciudadanas era admirable. Allí se aguantaba a pie firme, sin retroceder un solo paso, sin volver la vista atrás, con un solo objetivo y un solo propósito: destruir al enemigo y conservar la posición.

El heroísmo de que ya habían dado pruebas nuestros combatientes el día anterior, quedaba centuplicado por la gesta inmarcesible de la batalla de San Marcial, cuyo nombre se incorpora a la historia de la ciudadanía española, bañado en el prestigio de una resistencia, de un denuesto, de un tesón incomparable.

La compañía de Tomás Meabe, a cuyo frente su capitán Agustín Ocáriz se batía como un león, puso en lo más alto la bandera de su valor temerario. Y todas las milicias integradas por elementos del Frente Popular dieron un altísimo ejemplo de su arrojo y de su civismo, porque es civismo ejemplar ofrendar la vida en defensa del ideal, resistiendo cualquier ataque enemigo, por terrible que sea.

Toda la furia facciosa se estrelló contra la barrera infranqueable de San Marcial, como ya antes se había estrellado contra Saroya, y como el día anterior se abatió también bajo la réplica soberana de Zubelzu y Puntxa.

El enemigo dejaba hombres y hombres en la empresa. Un ataque tan soberbiamente contenido era obligado que costase numerosísimas bajas. Y al fin, es lógico, los facciosos se rindieron a la evidencia. Ni uno sólo hubiera podido llegar hasta nuestras posiciones.

Optó por replegarse, después de varias horas de acción guerrera, sin que ni uno solod e nuestros hombres hubiera dado un paso atrás.


NUESTRA AVIACION
En ese instante decisivo en que el enemigo veía escapársele su presa fué cuando inició su acción enérgica nuestra aviación. El capitán Ponce, de la base de Cataluña, y los alféreces Carpio y Saloña, entraron con sus tres aparatos sobre las líneas enemigas y dejaron caer bombas a diestro y siniestro, cubriendo objetivos que se les señalaron.

Ya para entonces estaba decidida la batalla de San Marcial, pero la presencia y la acción de los aviones acabó por desmoralziar al enemigo que se vió obligado a retirarse en franca fuga.

Nuestra aviación bombardeó entonces los presuntos núcleos facciosos, sembró de bombas sus posiciones, destruyó e incendió algunos caseríos y tomando como objetivo final la carretera de Navarra desalojó con sus bombas el cuartelillo enemigo de la zona de Endarlaza y destrozó por completo dos camiones blindados.

A partir de este momento, nuestros aviadores fueron dueños del aire y consolidaron la acción de nuestra infantería y de nuestra artillería, acabando por infligir al enemigo un durísimo correctivo.


BALANCE Y CALCULO DE VICTIMAS
No pudo ser más halagüeño el balance de la jornada. Por segunda vez, los facciosos fracasaban en su intento de apoderarse de las posiciones “llaves” de Irún. Ellos consideraban que San Marcial los hubiera situado en posición estratégica para atacar a Irún, y por ello descargaron sobre el histórico monte de nuestros “alardes” todos sus efectivos.

Vano intento. La gente estaba dispuesta a dejar allí hasta la última gota de sangre antes que permitir que la planta impura de los traidores mancillase el suelo irunés. No fué necesario tanto. Bastó el heroísmo de nuestros muchachos para que el enemigo fracasara en su intento y para que por segunda vez llevase uno de los más duros castigos que se han podido recibir jamás en batallas de esta envergadura.

Otro triunfo rotundo de as fuerzas leales. El enemigo, en su segundo ataque había echado, como suele decirse, toda la carne en el asador. En la primera jornada había enviado por delante la fuerza peninsular, pero ayer mandó en vanguardia a los legionarios del Tercio, creyendo sin duda que su presencia hubiera bastado para intimar a los leales.

Terrible equivocación que les ha costado cara. A la hora que silban las balas, un legionario muere con la misma sencillez que un hombre civil. Ayer cayeron legionarios en proporción aterradora. Su ataque tuvo por consecuencia aumentar el número ya terrible de bajas que habían sufrido los rebeldes en la jornada anterior.

Los heridos que sufrieron nuestras fuerzas lo fueron en su mayor parte a consecuecia de cascotes de las bombas de aviación. La inmensa mayoría de esos heridos, según informa la Comisión de Sanidad, son de carácter leve: contusiones, rozaduras y heridas de escasa importancia, hasta el punto de que muchos se hallarán hoy de nuevo en el frente.

En cuanto a las bajas que se hicieron al enemigo, no se pueden precisar exactamente, por las características de la lucha de ayer y por el terreno en que se ventiló. Lo que sí ha sido posible comprobar es que a última hora de la mañana los facciosos habían sufrido ya cuarenta muertos.

Sin embargo, informes de diversos conductos, que se aproximan mucho, y a veces coinciden con nuestras observaciones particulares, permiten adelantar que al final de la jornada los facciosos habían sufrido más de ciento cincuenta bajas entre muertos y heridos, cifra enorme si se considera el pequeño radio de acción en que se desarrolló la durísima ofensiva.

Fué el de ayer, como hemos dicho, un ataque menos extenso y amplio que el del día anterior, puesto que se redujo a dos posiciones; pero en cambio, durante muchos minutos, fué más “prieto”, duro e intenso que los que se han reñido hasta el presente.


DESERTAN SIETE LEGIONARIOS
A última hora de la tarde llegó a nuestras líneas, después de haber cruzado el río a nado y atravesando la frontera, un legionario de los que formaban parte de la bandera que ha luchado contra nosotros.

Refirió las penalidades breves, pero dramáticas, que ha tenido que soportar para venir hasta nuestras filas. A media tarde de ayer desertaron del campo enemigo siete legionarios, que aprovechando un momento favorable se arrojaron al Bidasoa con el propósito de cruzar el río a nado y ganar la frontera.

Los requetés, sin embargo, se dieron cuenta de la maniobra, y aproximándose a la orilla dispararon sobre los fugitivos a mansalva. Seis de los legionarios desertores no pudieron escapar a la puntería de los requetés, y quedaron muertos en el río. El séptimo pudo evadirse por fin y llegar a nuestras líneas.

Ha referido detalles muy interesantes del campo enemigo, proporcionando informes de los que nuestros mandos han tomado nota. Entre aquellos detalles que que pueden darse a la publicidad figuran los siguientes:

En la acción de ayer nuestras fuerzas infligieron al adversario un correctivo durísimo: solamente entre la bandera de los Regulares la réplica de las fuerzas leales causó 160 muertos. El legionario evadido calcula que las bajas de ayer en el campo enemigo, contando muertos y heridos, se aproximan a las trescientas.

Ha dicho también que incluso entre el elemento legionario existe gran disgusto, y que tan solo una terrible disciplina, salvaje y terrirista, puede impedir que se fuguen de las filas facciosas muchos hombres.


EN LOS DEMAS SECTORES
En las demás sectores del frente Norte, es decir, en Rentería, Oyarzun y Ventas de Astigarraga, la jornada transcurrió con absoluta tranquilidad.

Nuestras fuerzas estaban vigilantes para no ser sorprendidas, pero se limitaron a permanecer en sus puestos, replicando de vez en vez a los espaciados “paqueos” del enemigo.


FRENTE SUR

EN URNIETA, HERNANI Y ANDOAIN
La actividad en el frente de Hernani se limitó al fuego de cañón que se hizo con nuestras baterías sobre las posiciones enemigas. Se dispararon también algunos cañonazos contra los aviones facciosos.

En Urnieta hubo débil tiroteo. Los aviones facciosos pasaron en vuelo de tránsito por aquella zona y “aprovecharon” el viaje para dejar caer alguna bomba que no causó desperfectos ni víctimas.

En el sector de Andoain la tranquilidad fué también absoluta.


FRENTE OCCIDENTAL

INCURSIONES MENDIGOITZALES
Desde el cuartel general de Loyola salieron varios camiones con milicianos de refresco para guarnecer determinadas posiciones. El servicio de relevos se realiza en este sector con regularidad absoluta.

En los sectores de Vidania, Régil y sus alrededors, la normalidad fué completa. A distancia, entre los montes, se vió alguno que otro requeté, pero se eclipsaba como por encanto cada vez que nuestros hombres amagaban con una persecución.

Una información localizaba al enemigo en los montes de Urquizo, en aquella dirección se enviaron algunos destacamentos, que no tuvieron que realizar ninguna acción.

Pero el informe no fué infructuoso, por que estas rápidas incursiones de los na-

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